Una cubierta plana o una terraza tienen un problema distinto al de un tejado inclinado: el agua no resbala, se queda. Si el material impermeabilizante ha cumplido su vida útil (entre 3 y 10 años según el tipo), el agua encuentra el camino más corto hacia dentro de casa. Hacemos impermeabilizaciones de cubiertas planas y del encuentro entre terrazas y muros, que es donde más filtraciones vemos.
Es un trabajo que exige preparación previa de la superficie — limpieza, reparación de grietas, comprobación de pendientes hacia los desagües — antes de aplicar cualquier sistema. Nos saltamos ese paso tan poco como el propio impermeabilizante, porque es lo que determina si el trabajo dura 3 años o 10.
Es un servicio que pedimos tanto para cubiertas planas de vivienda (azoteas, terrazas transitables) como para el remate de chimeneas y petos, puntos donde el encuentro entre materiales distintos suele ser el primero en fallar aunque el resto de la superficie esté en buen estado.
Según el caso: láminas asfálticas o de EPDM (la solución más habitual y duradera), pintura impermeabilizante (más económica, vida útil más corta), o sistemas de poliurea para cubiertas con mucho tránsito. Te recomendamos la opción según tu presupuesto y el uso real de la superficie, no la que más nos convenga vender.
Si tu terraza o cubierta plana tiene más de 8-10 años sin revisión, o si empiezas a ver agua estancada más de 24h después de llover, es el momento de revisarlo antes de que aparezca la primera mancha en el techo del piso de abajo.
Inspección de la superficie y de los desagües, reparación de cualquier grieta o punto débil antes de impermeabilizar (aplicar el sistema sobre una base dañada acorta mucho su vida útil), aplicación del sistema elegido, y comprobación final de que el agua evacúa correctamente hacia los sumideros. Entregamos garantía por escrito de la estanqueidad conseguida.
Casi nunca es el centro de la superficie plana lo que falla primero: son los encuentros. El remate de una chimenea con la cubierta, la unión entre la terraza y la fachada, el borde de un peto, o alrededor de un desagüe mal sellado. Por eso una inspección seria dedica más tiempo a revisar estos puntos concretos que a mirar el resto de la superficie, que suele aguantar razonablemente bien mientras los encuentros estén en condiciones.
En viviendas con cubierta plana o terraza en la sierra alta, el sistema tiene que aguantar además ciclos de hielo-deshielo, que son mucho más agresivos para una impermeabilización que la simple lluvia — ahí solemos recomendar sistemas más flexibles, capaces de moverse con la dilatación térmica sin agrietarse. En las zonas de más pinar, conviene además vigilar que los desagües no se obstruyan con pinocha, porque el agua estancada sobre una impermeabilización acelera su desgaste incluso estando en buen estado.
Antes de que aparezca una gotera visible dentro de casa, suele haber señales previas en la propia superficie: burbujas o ampollas en la lámina, grietas finas en la pintura impermeabilizante, zonas donde el agua tarda mucho más de lo normal en evacuar tras la lluvia, o vegetación (musgo, pequeñas plantas) creciendo en puntos concretos donde la humedad se mantiene más tiempo. Cualquiera de estas señales merece una revisión antes de esperar a la primera mancha en el techo.
Es la parte menos visible del trabajo pero la que más determina el resultado final: limpieza a fondo, reparación de grietas y fisuras existentes, y comprobación de que las pendientes dirigen correctamente el agua hacia los desagües antes de aplicar nada. Aplicar un sistema impermeabilizante sobre una superficie mal preparada es la causa más habitual de que una impermeabilización "de calidad" dure mucho menos de lo esperado.
Una terraza que se pisa habitualmente necesita un sistema impermeabilizante protegido por un pavimento o acabado resistente al tránsito, mientras que una cubierta plana no transitable (solo de mantenimiento puntual) puede impermeabilizarse con sistemas más ligeros, sin necesidad de ese acabado adicional. Confundir ambos casos es un error habitual que acorta mucho la vida útil del sistema instalado.
No todo el trabajo de impermeabilización es sobre grandes superficies: balcones y terrazas pequeñas de piso también sufren filtraciones hacia la vivienda de abajo cuando el sistema original falla, y suelen ser intervenciones más rápidas de ejecutar. Es habitual que este tipo de aviso llegue por una queja del vecino inferior, más que por una señal visible en la propia terraza.
Si la impermeabilización actual solo falla en un punto muy concreto y el resto está en buen estado, a veces basta con una reparación localizada que sella y refuerza esa zona. Si el sistema ya ha superado su vida útil en general (grietas repartidas, pérdida de flexibilidad en varias zonas), recomendamos renovar toda la superficie, porque parchear un sistema ya degradado en su conjunto ofrece resultados poco duraderos.
Si tu cubierta plana no tiene aislamiento térmico o está muy degradado, la intervención de impermeabilización es también el momento más eficiente para incorporarlo, ya que se accede a la misma superficie y se evita una segunda obra más adelante. No es obligatorio hacerlo a la vez, pero te lo planteamos como opción cuando el estado de la cubierta lo sugiere.

Primero hay que localizar y sellar el punto de entrada actual, y después aplicar el sistema impermeabilizante sobre toda la superficie — hacerlo solo en el punto de la gotera no suele durar.
Entre 3 y 10 años según el sistema y la exposición al sol y a la nieve. Te indicamos la vida útil estimada del sistema que te recomendemos antes de empezar.
En algunos casos sí, con sistemas líquidos aplicados directamente. Lo valoramos en la visita, según el estado del pavimento existente.
Entregamos garantía por escrito de la estanqueidad conseguida, con el plazo correspondiente al sistema instalado.
Algunos sistemas tienen olor durante la aplicación y las primeras horas de secado, que desaparece progresivamente. Te avisamos con antelación si tu caso lo requiere para que puedas ventilar la zona.
Depende del estado general: si el resto de la superficie está en buenas condiciones, a veces basta con reforzar la zona afectada y los encuentros críticos. Lo valoramos en la inspección, sin sobredimensionar el trabajo.
Preferimos evitar días de lluvia o temperaturas muy bajas durante la aplicación, ya que la mayoría de sistemas necesitan condiciones estables para curar correctamente. La primavera y el otoño suelen ser las mejores ventanas.
Sí, es habitual combinar ambas intervenciones en la misma obra si el estado de la cubierta lo justifica, aprovechando el mismo acceso.
Sí, es un caso habitual, sobre todo cuando la filtración afecta a la vivienda de abajo. Solemos poder resolverlo en una intervención más rápida que una cubierta grande.
Si el fallo está muy localizado y el resto de la superficie está en buen estado, basta con una reparación puntual. Te lo confirmamos con la inspección inicial, sin recomendar más obra de la necesaria.
Sí, coordinamos con la administración de fincas cuando la impermeabilización afecta a una cubierta o azotea de uso comunitario.
Aplicamos primero una solución provisional si las condiciones no permiten el sistema definitivo, y programamos el trabajo completo en cuanto la climatología lo permita.
Las tenemos en cuenta al planificar el trabajo, coordinando su retirada y colocación temporal si es necesario para acceder a toda la superficie.
Un resumen del sistema instalado, su vida útil estimada, y recomendaciones básicas de cuidado (por ejemplo, evitar objetos punzantes sobre la superficie) para que dure el máximo tiempo posible.
Cuéntanos qué ves (una gotera, un canalón atascado, una revisión pendiente) y te decimos por teléfono los primeros pasos, sin compromiso.
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